Las lágrimas que señalan el camino

Ayer hablaba con una amiga que decía estar bien.

“Cada día lloro un rato, pero luego sigo como si nada. Nadie me lo nota. Estoy bien.”

Esa conversación me está dando mucho que pensar.

Creo, en lo más profundo de mi ser, que la vida es un regalo para disfrutarlo, no para que parezca que lo disfrutamos. Lo de menos es si se nota o no.

Si miras las redes sociales o los estados, parece que todo el mundo vive en una fiesta continua. Y yo me alegro, de corazón… si es cierto.

Pero tras la conversación de ayer, me pregunto cuántas lágrimas escondidas tapan esas caras perfectamente maquilladas y sonrientes.

Me pregunto con qué estándar de felicidad y disfrute nos estamos conformando.

Me pregunto qué nivel de autoengaño estamos dispuestos a aceptar para no afrontar la realidad, cuando ahí —precisamente ahí— comienza el camino.

Ahí está la llave hacia una vida nueva. Porque cuando sabes lo que no quieres, estás más cerca de lo que sí deseas.

Y poco a poco, superando el miedo y afrontando la verdad, irás girando el timón hacia tu propio destino.

Paso a paso.

Ola a ola.

Hasta llegar a una vida en la que ya no sea necesario llorar cada día.

Querida amiga: fuerza, valentía y coraje para mirar, para ver y para caminar hacia la vida que deseas. Eres grande, y tu vida merece ser tan grande y luminosa como tú.

Todos merecemos estar bien. No solo aparentarlo.

Y si algún día llegan lágrimas, que cada una de ellas te acerque un poco más a la vida que mereces.


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