Criterio propio

Durante años pensé que tener criterio propio era simplemente “tener una opinión”. Hoy sé que es mucho más: es claridad, serenidad… y, sobre todo, madurez.

Mirando atrás, me veo buscando fuera lo que no encontraba dentro. Necesitaba referentes para saber qué pensar sobre los temas importantes. Escuchaba, comparaba… y al final “compraba” la postura que más me convencía.

Pero el pasado fin de semana ocurrió algo distinto. Escuché a una persona que fue un referente moral enorme para mí, alguien cuya opinión antes habría tomado casi como verdad. Y, para mi propia sorpresa, me descubrí cuestionándolo todo: lo que decía… y cómo lo decía. No desde la rebeldía, sino desde un lugar nuevo: el mío.

Y ahí lo entendí. No porque yo tuviera la razón, sino porque me supe en un lugar de igualdad. Con criterio propio. Con la capacidad de discrepar sin sentirme pequeña. Con la libertad de dialogar desde la igualdad.

La próxima vez que notes que tu opinión ya no depende de la de nadie, celébralo.

Es señal de camino recorrido.

Y de que ahora estás pensando desde ti.


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