La compasión como respuesta

En ciertos momentos, sólo la compasión es la respuesta. Pero no la compasión entendida como lástima —esa definición que aún recoge la RAE—, sino la compasión como actitud, como acción. La compasión que nace cuando dejamos a un lado el juicio que tanto pesa.

Sobre todo, os invito a no juzgar situaciones pasadas con el conocimiento o la sabiduría del presente. Eso es injusto. Porque no hay nada más cierto que esto: cada uno hace lo que puede con lo que tiene y sabe en ese momento.

Respuestas del pasado que ahora nos parecen tibias o escasas fueron, entonces, las únicas que pudimos sostener. Si te colocas en aquel instante y recuerdas el esfuerzo que te costaron, verás que es verdad: hiciste lo que pudiste. Y si eres honesto contigo, reconocerás que, en ocasiones, eso que hoy te parece poca cosa te costó la misma vida.

Darte cuenta de esto —sentirlo, saborearlo— lleva paz al pasado y serenidad al presente. Porque este camino que recorres no está siendo en balde.

Enhorabuena por esa paz y esa serenidad: o ya las tienes, o están en camino.


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