Oasis

En ocasiones, la aridez del día a día y de la rutina, puede hacer que nuestra vida se vaya pareciendo cada vez más a un desierto. Un desierto de dunas, todas diferentes, pero aparentemente idénticas. Un desierto de dunas empinadas, donde los pies se hunden en cada paso, y el cansancio hace que la siguiente zancada sea todavía más difícil.

Y cuando el calor te achicharra y el agua de la cantimplora empieza a escasear…. viene la vida y te ofrece un oasis donde descansar y refrescarte.

Este pasado fin de semana hemos estado en un hotelito (regalo del amigo invisible navideño… ¡gracias!).

En tan sólo 24 horas dedicadas a compartir, a fluir, a no esperar, a simplemente estar… la perspectiva vital cambió. Echar el freno y sentir el latir del corazón, hizo que lo que antes era un desierto se convirtiera en una playa de arena en la que ya pude sentir la brisa del mar.

Romper, cortar, parar,… es tan importante como no rendirse y seguir caminando.

¿Cuándo fue la última vez que te regalaste un oasis?

Quizá hoy sea un buen día para parar un momento: La vida se ve distinta cuando vuelves con agua fresca.


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