Hoy es el solsticio de invierno. A partir de hoy los días se hacen más largos porque la luz va ganando terreno, poco a poco, a la noche.
Al escribir esta frase me he dado cuenta de que eso quizás sea el camino de la vida.
Nacemos llenos de luz, van pasado los años y las conductas sociales aprendidas, las creencias heredadas, las emociones escondidas, … van dejando atrás esa luz innata.
Y llega un momento, que para cada uno es diferente, en que nos hacemos conscientes de que detrás de esos convencionalismos nos hemos ido perdiendo. Y que cada vez queda menos de ese ser que fue dado a (la) LUZ, queda menos de esa esencia de vida plena, de ese niña que tan sólo vino a VIVIR.
Una vez que sé que hay un camino por delante que recorrer, que hay tanto, tantísimo por aprender, por reconocer, por sanar, por romper inercias, para volver a ver con claridad y encontrarnos con nosotros, con nuestro SER … quiero que cada día de mi vida sea un paso hacia el solsticio de verano de mi vida, donde la luz gane de nuevo a la oscuridad.
Y como cada solsticio de invierno, estamos a las puertas de Navidad. ¡Qué insistente!
Cada año vuelve la Luz a hacerse bebé, pequeño, vulnerable, sencillo en su pesebre,… Se hizo carne y habitó entre nosotros. Y caminó entre nosotros, mostrándonos el sendero.
Así pues, ¡Feliz Navidad!
Que la luz de Navidad nos guíe hacia nuestro solsticio de verano personal.

