Dentro de nada, vuelve a ser mi cumpleaños.
Y vuelven, como cada año las típicas expresiones… “cómo pasa el tiempo”, “parece mentira”, “ya cae otro”…
Y no por repetidas, dejan de ser ciertas.
A mí este año, al mirar hacia atrás me ha salido la nostalgia. Y una nostalgia bañada en algo de tristeza por cómo viví los tiempos pasados. La tristeza tiñe la mirada porque si pudiera vivir de nuevo, con la consciencia de ahora, viviría más despacio, disfrutando más, sin tanta exigencia. Así que es tristeza por lo que pudo ser y no fue.
Eso es lo que surge con la primera mirada.
Pero en una mirada más profunda, más pausada, más como ahora y no como antes, sé que precisamente haber vivido así, me ha traído hasta donde estoy ahora, viendo lo que veo ahora, y cómo lo veo ahora.
Mirando fotos de las celebraciones pasadas, casi no me reconozco. Y es cierto que los años han pasado volando, pero el camino recorrido no vuela, está. Y precisamente es al mirar hacia atrás cuando recobran sentido todos y cada uno de los pasos dados. Y ahí ya la tristeza no tiene cabida, y es la gratitud la que impregna la mirada de los años pasados.
Así que no creo que la semana que viene celebre la cantidad de años acumulados. Será una celebración por las experiencias vividas, las conversaciones enriquecedoras, el amor sentido, el amor entregado, las caídas, las remontadas, los éxitos y los fracasos, las personas que han pasado, las personas que siguen, la fe que siempre está.
Gracias vida por poder seguir celebrándote.

