“Estoy bien”. Una respuesta que nadie cuestiona

Existe una habilidad muy extendida —y poco reconocida—: la de disimular. Hay personas capaces de mostrar una sonrisa impecable y unos ojos aparentemente joviales incluso cuando, por dentro, algo se desmorona. Su capacidad interpretativa es tan convincente que casi nadie percibe la mentira que se esconde detrás del gesto amable.

No siempre se trata de talento artístico. A veces, la raíz está en la costumbre: la de responder “bien” de manera automática, sin importar lo que ocurra realmente. Esa inercia convierte la mentira en rutina y hace que pase desapercibida para quienes la reciben.

También cabe pensar que no es sólo cuestión de habilidad, sino de atención. Pocas personas se detienen de verdad a preguntar cómo está alguien, y menos aún están dispuestas a escuchar una respuesta incómoda. Resulta más sencillo creer la versión amable, la que no altera la tranquilidad ni obliga a salir de la zona de confort. Especialmente cuando se ha normalizado que ciertas personas sean siempre las que sostienen, acompañan y cuidan, incluso cuando ellas mismas flaquean.

Ante esta dinámica surge una pregunta inevitable: ¿Cómo cambiaría la historia si, en lugar de disimular, apareciera la verdad? ¿Qué ocurriría si, ante un “¿qué tal?”, la respuesta fuera un honesto “mal”?

Tal vez sea momento de averiguarlo.


Escrito por

Categoría

Ser

Publicado

comparte