Autocuidado

Ayer participé en una encuesta del “Club de Malas Madres” sobre el autocuidado. Según el resultado, tengo un nivel bueno de autocuidado. ¡Qué bien!

Y sin embargo, yo no lo siento tan así.

No sería justa conmigo si no reconociera que estoy mejor que nunca. Eso seguro.

Hoy, para mí, el autocuidado se concreta muchas veces en parar cuando me siento cansada. Parar y no hacer nada.

Y sí: ya sé parar. Al menos mi cuerpo se para. Y eso es un avance enorme. Hace unos años —no muchos— no me permitía sentarme sin más, mirar el cielo o cerrar los ojos y escuchar. Ahora sí. Y cada vez me sale con más facilidad.

Aun así, me gustaría que mi cabeza también aprendiera a parar. Eso es otro cantar.

Confío en que dentro de unos años alcance ese nuevo nivelón de autocuidado y pueda detenerme de forma global.

Será bonito reconocer ese momento en el que cuerpo y mente, por fin, respiren al mismo compás.


Escrito por

Categoría

Camino

Publicado

comparte