Cuando esperamos algo con mucha intensidad es súper chulo… Porque empiezas a disfrutarlo desde antes de que llegue: disfrutas los preparativos, las veces que lo comentas, las veces que lo imaginas…. ¡Eso ya es disfrutarlo!
Y por otro lado, cuando lo que tanto esperabas llega a su fin, se pasa, se acaba, … el vacío es directamente proporcional a la ilusión depositada. Y ahí surgen los “Pero , ¿cómo puede ser?” “¡¿Ya está?!” , “¡Ay, qué rápido se ha pasado!”
Porque es cierto… todo llega, pero también todo pasa.
Y cuando nos hacemos conscientes de que esto es una constante en la vida, hay tres prácticas que intento implementar en mi día a día:
Preparar otras actividades, otro encuentro, otro viaje, otra cena… que me genere la misma ilusión que la que acabo de dejar atrás. Está en mi mano crearme ilusiones que aderezan mi vida.
Agradecer profundamente lo vivido
Disfrutar las cosas mientras las tenemos, y no dejar nada del gozo, para un futuro que es por definición, incierto.

