Los retos que nos plantea la vida son infinitos.
De vez en cuando viene una racha de paz y sosiego. Pero dura lo que dura, ¿verdad?
De repente, mientras despistada sigo caminando, aparece otro reto. Viejo, nuevo, reciclado…. ¡Qué más da!
Y yo, claro, protesto: —Vamos a ver… ¿en serio hace falta otro meneo ahora?
Pero ¡nada!, como el que oye llover…
Y mientras respiro ese silencio incómodo que responde a mi queja, pienso que quizás esta vez la razón sea aprender, asimilar más bien, que de igual manera que las rachas de paz son finitas, también las épocas chungas pasarán. Y mientras llega ese momento y la vida decide su ritmo, yo puedo decidir el mío: cómo me coloco, qué suelto y qué abrazo.
Al fin y al cabo, en este baile nadie lleva siempre la batuta, pero siempre puedo elegir cómo bailar y con quién.

